Hay una cosa de la hernia discal que confunde a casi todo el mundo, y entenderla ahorra meses de dar vueltas: el dolor casi nunca está donde está la hernia.
La hernia se asoma en la espalda, pero lo que duele es la pierna. O el brazo. Por eso tanta gente llega después de haber ido con el masajista, con el quiropráctico y con el que le truena la espalda, buscando alivio en un sitio donde no está el problema.
Qué se siente realmente
El disco que se hernia aprieta una raíz nerviosa, y esa raíz lleva señal a una zona concreta del cuerpo. El dolor viaja por ese cable, y de ahí sale casi todo lo que describen los pacientes.
Lo que más llama la atención es que el dolor corre en línea en vez de extenderse. Baja por la pierna o por el brazo siguiendo una franja, como si alguien la hubiera dibujado. La gente lo señala con el dedo trazando una raya, nunca con la mano abierta.
En la punta de ese recorrido aparecen sensaciones raras: hormigueo, adormecimiento, quemazón, o esa cosa de agua fría que cuesta describir. Siempre lejos de la espalda, en el pie o en la mano.
Y la delata un detalle más: el dolor cambia con lo que haces. Toser, estornudar o pujar lo disparan, porque suben la presión dentro del disco. Estar sentado mucho rato lo empeora. Caminar un poco, a veces, lo alivia.
Lo que no suele ser una hernia
Un dolor ancho que se queda en la cintura y no pasa del glúteo rara vez viene de una raíz comprimida. Ahí lo habitual es el músculo o la articulación facetaria, que duelen distinto y se tratan distinto. Igual con el dolor que cambia de lado un día sí y otro no: una hernia aprieta una raíz concreta y no se cambia de sitio.
Hay otro detalle que ayuda a separar. La hernia suele tener un comienzo que el paciente recuerda con bastante precisión, un día y hasta un movimiento. El desgaste, en cambio, lleva años yendo y viniendo sin que nadie pueda decir cuándo empezó.
El patrón al caminar también separa la hernia del canal estrecho. Con una hernia, estar sentado empeora y moverse suele aliviar. Con un canal lumbar estrecho pasa al revés: caminas doscientos metros, las piernas se cansan, te sientas y en dos minutos estás listo otra vez.
Síntomas según el nivel: dónde duele dice qué disco es
Esta parte es la realmente útil. Cada raíz nerviosa tiene un territorio asignado, y es bastante constante entre personas. Por eso un neurocirujano puede sospechar qué disco está herniado antes de ver la resonancia, solo por dónde señala el paciente.
Hernia discal lumbar L4-L5
Es, junto con la siguiente, la más frecuente de todas. Comprime la raíz L5. El dolor baja por la parte de atrás del muslo, cruza por el costado de la pierna y termina en el empeine y el dedo gordo del pie. Cuando esa raíz sufre de más, cuesta levantar la punta del pie y el talón, y al caminar el pie cae con un golpe seco.
Hernia discal L5-S1
Aprieta la raíz S1. El recorrido va por el glúteo y la cara posterior de la pierna hasta la pantorrilla, el talón y el dedo pequeño, por la planta. Si está muy comprimida, cuesta pararse de puntas y el reflejo del tobillo se apaga. Es la hernia que más seguido se confunde con una ciática sin más.
Eso ya apunta a una raíz nerviosa. En consulta localizamos cuál es y qué tanto está sufriendo.
Hernia discal cervical C5-C6 y C6-C7
Aquí el territorio es el brazo. Una hernia en C5-C6 manda el dolor por el costado del brazo hasta el pulgar. Una en C6-C7 lo lleva hasta el dedo medio, y es la que más seguido se disfraza de tendinitis de codo. Casi siempre se acompaña de dolor en el borde del omóplato del mismo lado, que mucha gente confunde con una contractura de tanto trabajar.
Hernia discal dorsal
Es la más rara con diferencia, porque las costillas limitan el movimiento de esa zona. Cuando ocurre, el dolor rodea el tórax como una banda en vez de bajar a una extremidad, y por eso se confunde con problemas del corazón o de la vesícula más veces de las que debería.
Cómo se confirma sin abrir una resonancia
Buena parte del diagnóstico sale de la exploración, antes de cualquier estudio. Son maniobras simples y vale la pena saber qué está buscando quien te revisa, porque si nadie te hizo ninguna de estas, la consulta se quedó corta.
La más conocida es levantar la pierna estirada con el paciente acostado boca arriba. Si al llegar a cierta altura reaparece el dolor que baja por la pierna, y no solo un tirón detrás de la rodilla, esa raíz está irritada. Es una prueba vieja, simple y bastante fiable para las hernias lumbares bajas.
Los reflejos dicen todavía más. El del tobillo depende de S1 y el de la rodilla de L4, así que un reflejo apagado de un solo lado señala el nivel mejor que muchas descripciones del dolor. Y la fuerza: caminar de puntas pone a prueba S1, caminar de talones pone a prueba L5. Si uno de los dos falla, ya hay un dato objetivo.
Para el cuello se usa algo parecido. Inclinar la cabeza hacia el lado del dolor y presionar un poco hacia abajo reproduce el dolor del brazo cuando una raíz cervical está comprimida, y levantar el brazo por encima de la cabeza suele aliviarlo. Ese alivio al subir el brazo es tan característico que muchos pacientes llegan a consulta durmiendo en esa postura sin saber por qué.
Síntomas graves de hernia discal: cuándo no esperar
La inmensa mayoría de las hernias se resuelven sin cirugía y sin prisa. Pero hay un grupo de síntomas graves que cambian por completo la urgencia del asunto, y vale la pena conocerlos aunque nunca te toquen.
El síndrome de cauda equina es el escenario serio de verdad. Aparece cuando una hernia grande comprime el manojo de raíces del final de la columna. Avisa con dificultad para orinar o para aguantar, pérdida de sensibilidad en la zona que toca el asiento de la bicicleta, y dolor o adormecimiento en las dos piernas a la vez. Eso es urgencia quirúrgica de verdad, con horas de por medio, no días.
Cosa distinta es la debilidad que avanza, que no tiene nada que ver con que el dolor sea fuerte. Es que el músculo deje de responder. Que el pie se caiga al caminar, que se te vaya la fuerza al subir escaleras, que se te empiecen a caer objetos de la mano. Una raíz que lleva semanas comprimida puede quedar con secuela aunque después se opere bien.
Queda el dolor que no cede con nada y no deja dormir, sobre todo si viene acompañado de fiebre, de pérdida de peso sin explicación o de un antecedente de cáncer. Esa combinación obliga a descartar cosas que no son una hernia.
Si nada de eso aparece, tener síntomas de hernia discal no es una emergencia. Es un motivo para que te revisen bien, sin correr.
Hernia, ciática y contractura: por qué se confunden
Ciática no es un diagnóstico, es la descripción de un síntoma: dolor que baja por el trayecto del nervio ciático. La hernia discal es una de sus causas, probablemente la más común, pero no la única. También la producen el síndrome piriforme, el canal lumbar estrecho o una artrosis que estrecha el agujero por donde sale la raíz.
Decir "tengo ciática" es como decir que tienes fiebre. Es cierto y no dice de qué. Esa diferencia importa porque el tratamiento de una hernia y el de un piriforme no se parecen en nada.
Una hernia en la resonancia no siempre es la culpable
Esto incomoda, pero hay que decirlo. Alrededor de un tercio de las personas sin ningún dolor tienen una hernia discal visible si les haces una resonancia. A los sesenta años la proporción sube bastante más.
O sea que encontrar una hernia en la imagen no demuestra que sea la causa de lo que sientes. Lo que lo demuestra es que el territorio del dolor coincida con la raíz que esa hernia está apretando. Cuando no coinciden, operar esa hernia no quita el dolor, y ese es el origen de buena parte de las cirugías de columna que salen mal sin que nadie se haya equivocado en el quirófano.
¿Cuánto duran los síntomas?
Esta es la pregunta que más se repite en consulta, y la respuesta es mejor de lo que la gente espera. Entre seis y doce semanas la mayoría de las hernias mejoran bastante por su cuenta, y una buena parte del material herniado se reabsorbe solo. El cuerpo lo reconoce como algo que no debería estar ahí y lo va retirando.
Eso explica una cosa que desconcierta a muchos pacientes: que a los seis meses se sientan bien y la resonancia de control siga mostrando la hernia, o al revés, que la hernia haya encogido y el dolor siga. La imagen y el síntoma van por caminos distintos y a ritmos distintos.
Las primeras dos semanas suelen ser las peores. A partir de ahí la curva baja, con altibajos, y lo normal es que el hormigueo tarde más en irse que el dolor. Si a las seis semanas no hay ninguna mejoría, o si en cualquier momento aparece debilidad, ese calendario deja de aplicar y toca revisar.
Cuándo pedir valoración
Si el dolor baja de la rodilla o del codo y lleva más de dos semanas, vale la pena que alguien lo explore. No porque haga falta operar, que casi nunca hace falta, sino porque conviene saber qué raíz es y descartar que esté sufriendo más de la cuenta.
Lo que no conviene es pasar meses alternando analgésicos sin que nadie haya localizado la raíz. El tratamiento, cuando ya sabes qué tienes, lo explicamos a detalle en la guía de hernia discal: tratamiento.